Cuphead: Don’t Deal With The Devil

Después de siete años en desarrollo, tanta espera dio sus frutos. Cuphead es un reconocido éxito después de un millón de copias vendidas.

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Imagen: Studio MDHR

Por Facundo Meneses.

Los hermanos Cuphead y Mugman fueron a parar al otro lado de la curva y terminaron en el casino del diablo, a pesar de que su abuelo les advirtió de los peligros que podrían padecer. Luego de una muy buena racha de victorias, el dueño del lugar (el diablo en persona) les ofrece una última gran apuesta: “Ganen una vez más y todo el dinero en mi casino será suyo, pero si llegan a perder, me entregaran sus almas”, así es como la dupla protagónica cegada por la avaricia pierde;  y deberán recolectar almas de otros deudores para conseguir el perdón del demonio y recuperar las suyas.

Así arranca nuestra aventura, en la que tenemos que ir por la isla Inkwell y venciendo a los estafadores, quienes pueden ser desde una simple pelota azul, una zanahoria con poderes psíquicos o una planta malévola, todo en un hermoso estilo de dibujo animado de los años 30’, claramente inspirado en los viejos cartoons de Mickey Mouse, Betty Boop  y todas aquellas creaciones de Fleischer Studios.

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Todo, desde nuestros héroes en apuros, el escenario, los enemigos, los  proyectiles, los jefes, los fondos, todo lo que se ve en pantalla fue dibujado y animado a mano a 24 cuadros por segundo (para luego ser procesados a 60 cuadros por segundo) utilizando la técnica Rubber Hose (manguera de goma) la primer técnica de animación que se popularizó en Estados Unidos, llamado así por lo curvo y sin articulación que se veían las piernas y brazos de los dibujos de esa época. Además, se hizo provecho de lo bizarro que llegaban a ser los diseños en esa época como inspiración para Cuphead como es el caso de los Hermanos Sapos que se fusionan para convertirse en una maquina traga monedas o la de una mujer que se transforma en un zepelín para luego transformarse en una media luna gigante. Todo con un gran estilo y perfectamente animado hasta el más mínimo detalle.

No todo lo bello pasa por los ojos, la música en Cuphead también se hace presente, orquesta, jazz y el más puro estilo de los años 30’ suena en cada uno de nuestros enfrentamientos con los deudores del mismísimo diablo, y siguiendo con la temática de hecho a mano, la banda sonora fue grabada en vivo en un estudio  liderada por Kristofer Maddigan (The Toronto Symphony Orchestra) una gran recomendación hacerse con el álbum para escuchar y disfrutar por sí sola.

¿Y cómo se juega? Run N gun (corre y dispara) como nos invita el relator cada vez que iniciamos un nivel, Cuphead es un juego de disparos 2D como los antiguos arcades al estilo Contra o Metal Slug. Vamos de izquierda a derecha con la intención de llegar al final con vida tratando de acabar con cuanto enemigo se nos cruce, podemos correr, saltar, esquivar (que es esencial para alcanzar la victoria) disparar y usar habilidades especiales. En estas secciones podemos encontrar monedas que las usaremos para comprar mejoras al señor Porkrind, un cerdo que ha puesto un pequeño mercadillo donde encontraremos mejoras que cambian el tipo de disparo principal, un disparo secundario, una habilidad pasiva llamadas Charms (encantamientos) como ser invulnerables cuando esquivamos o aumentar nuestra vida al precio de reducir nuestro daño total y obtener súper habilidades que se recargan con tiempo para amasar una gran cantidad de daño.

El otro modo de juego que queda, son los jefes, estos enemigos que el diablo nos encomendó a cazar, cada uno con un diseño aún más loco, bizarro y único que el anterior, dando un desafío diferente en cada encuentro, sea un enfrentamiento a pie o sobre nuestro confiable avión son un espectáculo afrontar. Son peleas duras, largas que toman varias formas (de tres hasta cinco) cada una aumentando más la dificultad y ese es uno de los puntos más importantes de Cuphead, sea jugándolo solo o acompañado, este es un videojuego que se tomó la vieja escuela muy a pecho. No sólo imitando su vieja jugabilidad, sino también su dificultad, adiós a la vida recargable, a las pistas o puntos de control que nos tienen acostumbrados los juegos hoy en día, en Cuphead tenemos solo tres vidas (cuatro si compras la mejora), solo un intento cada vez lo cual hace que haya muchos intentos y errores para tratar de averiguar cómo derrotar a los lunáticos adversarios.

Al final, Cuphead ha valido tanta la espera y los hermanos Moldenhauer pueden dormir tranquilos en sus casas sabiendo que su creación, que tanto tiempo le llevado, ha sido un gran éxito y desde acá en Naranjita no podemos esperar que otra joya nos traerá el estudio MDHR la próxima vez.

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