Crítica: Cars 3 (2017)

Preparen sus neumáticos que el Rayo Mcqueen vuelve a la pista donde no todo es de color de rosa en esta nueva entrega de Pixar.

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Imagen: Disney

Las obras visuales deportivas/automovilísticas son una especie de hipnosis para la mayoría de los espectadores, y que su mayor afán se transfiere en verlos por la pantalla grande, como fue el caso del gran biopic de “Rush” (2013) de Ron Howard. Disney sabe que el éxito de esta apuesta a las corridas debe caer en una versión para toda la familia.

Las dos anteriores entregas de “Cars” marcaron un hito importante en la historia de Pixar, la primera reconstruye el “sueño americano” y la segunda marca un juego de detectives con autos con un resultado fallido. Ahora en la tercera, se hace lo posible para borrar la anterior entrega y para que recordemos aquella del 2006, con un protagonista más enfocado en su pasado que en su futuro.

En esta nueva era, el corredor número uno tendrá un nuevo desafió: los rookies (novatos) llegan a la pista a realizar un cambio generacional y así, los colegas veteranos deciden colgar sus neumáticos para darle lugar a otros competidores. Pero el Rayo McQueen (Owen Wilson) se resiste a dejar su puesto y no quiere abandonar su estatus como automovilista.
El largometraje cuenta la historia de redención del auto más famoso de la compañía, al igual que Rocky (John G. Avildsen,1977). La nueva generación de carros (vanidosos, egoístas, solemnes) no verá como amenaza a sus ídolos de la infancia y querrán demostrar que estos son sus tiempos.

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La realidad de la condición oxidada le da un vuelco 360 al carro rojo y tiene que replantearse si tiene que volver al ruedo o integrarse a la jubilación con los ex corredores.
La decisión sólo podía ir para un solo lado, el protagonista toma un nuevo entrenamiento con un equipo avanzado para igualar a sus competidores. Ahí conoce a Cruz Ramírez, su coach personal, y juntos deberán enfrentarse a desafíos que los potenciarán para la carrera definitiva que pondrá el juicio final de si realmente debe dejar de correr.

El anhelo por la permanencia hace que el número 95 recree a su ídolo Doc Hudson (Paul Newman) y comenzar a cavilar sobre qué es lo que él haría en estos momentos de transición. Ir a la raíces de su viejo mentor le hará conocerse a sí mismo y descubrir una nueva faceta del mundo.
La relación principal que tendrá el deportista ya no será con su gran amigo Mate sino con su joven entrenadora de quien no podrá separarse de ella tanto por razones de nivel profesional como, luego, de un alcance emocional.
Ramírez deberá enseñarle a McQueen el nuevo estilo de ejercicios, al que el protagonista se resistirá y la puja entre lo novedoso y la old school será la base cómica del film.

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John Lasseter (Cars, Cars 2) suelta su creación y se lo deja a el director debutante, Brian Fee, quien ya había trabajado en varias películas de Pixar en el diseño de arte y animación. El animador genera pulidas escenas de acción. Los momentos en la pista son lo más notable de toda la recreación en 3D, tanto por el vértigo como la adrenalina que impregna en el público.

Cars 3” reúne lo mejor de la primera entrega, un final que marca el cambio que se viene. Nadie puede ganarle al enemigo número uno de todos los deportistas, el tiempo. Por suerte, en este film se logra darle más que una conclusión, se consigue un gran homenaje.

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